lunes, 9 de mayo de 2016

Tradición proletaria




Madrugar un día feriado. Sentarse dos o tres horas en el pavimento todavía con la marca de las sábanas en el rostro. El café con leche aún no hace digestión. La resaca te mantiene en un insomnio prolongado. La banderita cubana se yergue sola porque a esa hora no hay fuerzas para levantarla. El bebé sigue dormido en los brazos. Risas aquí, bostezos allá. La emoción de encontrar a tu gente entre tanta gente. Los primeros rayos del sol. La ciudad (hace ratos despierta) que se espabila. Es 1ro de Mayo en Cuba, en La Habana.


Comienza la conga y los reflejos se aceleran. Para arriba los carteles, a estirar los pliegues de la camisa, y las piernas.  El himno. A correr que hay un hueco, más suave que pisas al de enfrente. El rubio aprieta temprano. Un trago, agua, el caramelo para evitar la hipoglicemia. Viva, viva, viva.  Y los brazos se quieren desprender ante las cámaras. Ahí está el saludo que todos esperan, el sombrero de yarey desde lo alto de la plaza. Viva, viva, viva.  











¿Dónde está la guagua? Pelli o chicharrón de viento, mariquita, tukola, los contenes cubiertos de cucuruchos de maní. El policía de tráfico. La ambulancia. Más pasos al unísino, ya no por el proletariado mundial, sino para llegar a  casa. Otra vez las sábanas. 




miércoles, 30 de marzo de 2016

Yonlay Cabrera Quindemil: juez y parte del arte joven cubano


(Entrevista publicada en la Calle del Medio No.88 Oct-2015)
 
El Centro de Desarrollo de las Artes Visuales otorgó este año la beca de creación Estudio 21 al artista Yonlay Cabrera Quindemil y su proyecto Voight-kampff. Confieso que conversar con el joven fue muy fácil, en tanto es uno de esos entrevistados con respuestas concretas que en lugar de hacerte repetir las preguntas una y otra vez de diferentes formas, solo te queda decir “estoy complacida” y agradecerle. 

 Conozco la obra de Quindemil desde que él era estudiante de la Academia de Artes Plásticas Eduardo Abela (Amparucha) de San Antonio de los Baños; algunas de sus propuestas eran bastante osadas para tan temprana fecha. Lo he visto madurar en la concepción estética y simbólica de sus piezas y he sido testigo de la metamorfosis estilística en la búsqueda de un sello personal y de una mejor forma de comunicar sus ideas. En el estadio actual de su creación la tecnología figura como un elemento clave.  

El cambio no tuvo que ver con un problema técnico sino de interés. Quizás en algún momento haga pintura de nuevo, mientras se corresponda con mi investigación. Trabajo con tecnología porque es inevitable, es parte de la vida, está ahí todo el tiempo. Quizás si la pintura u otro tipo de formas fueran parte incondicionada de ese diarismo, ocuparían un espacio privilegiado en mi proceso creativo. 

Casi todas las ideas parten de la experiencia personal

La relación que establezco con el mundo que nos rodea tiene su génesis en mi experiencia sensible práctica inmediata. No busco informaciones que no sean constatables a través de lo que me sucede, lo que veo, lo que siento. En lugar de trasmitirle esa información al espectador, tal cual la recepciono, pretendo  canalizarla, transformarla y devolverla de nuevo al espacio público como un producto cultural que me exceda a mí como individuo y que tenga carácter universal. 

Voight-kampff 

Voight-kampff es un proyecto bastante complejo y transdisciplinar. El equipo de trabajo que dirijo incluye un psicólogo, un sociólogo, una oftalmóloga y un programador.  

Parto del Voight-kampff de la película Blade Runner, que a la vez se utiliza en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, del escritor norteamericano de ciencia ficción Philip K. Dick. En ambos casos el propósito de esta técnica psicoanalista es fijar si un individuo es un robot o no. En mi versión quiero determinar qué tan automatizados o robotizados están algunos sectores de la sociedad, qué tan acríticos son, cómo desempeñan su rol social sin cuestionamientos. Aunque Voight-kampff es una invención cultural sin aval científico sí creo que funciona y busco probarlo con mi proyecto.  

En principio 

Todos los contextos nacionales tienen sus diferencias, aun así, considero que Voight-kampff presenta un fenómeno global. En esta ocasión quiero limitarme al espacio cubano, que es el que conozco mejor y donde concibo la idea. Al menos desde mi punto de vista, en nuestro país, los juegos de roles se cuestionan muy poco y el “deber ser” se produce demasiado lineal. Empíricamente, veo que sí hay mucha automatización en “el hacer”, lo cual atenta contra la creatividad de las personas.

Juez y parte 

Yonlay incluye en su currículum de artista conceptual la licenciatura en Historia del Arte en la Universidad de La Habana, por lo que su experiencia supera el complejo proceso creativo e incursiona en el fragoso mundo de la crítica. No perdería entonces la oportunidad de dialogar con él sobre el panorama actual del arte joven cubano. 

A mi juicio, ahora coexisten tres grandes problemáticas en el arte cubano joven.  La primera, que los artistas jóvenes están desesperados por entrar en los circuitos aunque su obra todavía no esté a ese nivel o la trayectoria sea insuficiente para enfrentarse a estos lugares; se necesita, además  de mucho empuje y deseo, meditar un poco las cosas, asimilar bien el conocimiento antes de querer salir al aire. 

El segundo gran problema radica en que hay mucha futilidad en parte del arte que se está haciendo en tanto responde a ciertos intereses como el mercado. Esta voluntad hace que la producción no siempre responda a los intereses como artistas de los creadores, sino a lo que se espera que ello hagan, y mientras más lucrativo mejor. 

Otra contrariedad latente es el centralismo del arte. Existe un grupo de artistas “que son los que son” y los demás pasan mucho trabajo para colarse en los circuitos galerísticos, lo cual representa un serio problema a nivel de visibilidad. Quizás este fenómeno no tenga tanto que ver con los artistas jóvenes como quiénes hacen funcionar el arte, dígase curadores, historiadores y críticos, que casi siempre se avocan a los mismos nombres. 

El historiador…juez 

Lo primero que haría sería incentivar los intereses propios del artista, labor de los curadores. Lo segundo, saldría un poco de La Habana y buscaría talento en otros lugares. Movería los grandes proyectos por todo el país. En las provincias hay artistas dispuestos a ser encontrados y darles esa posibilidad descentralizaría el núcleo interno de la capital. 

Una experiencia útil sería fomentar un poco más los intercambios entre artistas, que hasta ahora son demasiados individualistas, encerrados en su gremio e incluso en sus casas. En los nuevos medios pasa lo mismo, lo cual es un poco raro porque este tipo de arte necesita colaboración. 

El renacimiento en los años ´80, la gran década del arte cubano, no fue otra cosa que un gran intercambio entre artistas y la construcción de un conocimiento colectivo. Mañach lo dijo en su momento: para que un grupo social cualquiera funcione, tiene que haber un interés común; entonces, para que el arte cubano funcione, tiene que haber un interés de todos, un sentido de arte cubano entre todos, no de diferentes artistas que viven en Cuba. 

El artífice… parte 

En la XII Bienal de La Habana participé en varios proyectos colectivos y uno personal dentro de las colaterales. Mi principal interés, en estos momentos, es hacer valer este tipo de obras conceptuales, hacerlas funcionales e incluirlas en todas las exposiciones que pueda. Será un proceso complejo, debido al condicionamiento tecnológico que requieren, pero estoy dispuesto a asumir el reto.

Sinestesia a propósito de la XII Bienal de La Habana

Sinestesia es una instalación que, desde la inauguración de las colaterales y durante toda la bienal, se mostró en una de las salas de la Galería Luz y Oficios en La Habana Vieja. Siempre quise trabajar con la relación sensible del que viene de afuera, como el outsider que llega y comienza a reconocer el espacio. Cuando llegué de San Nicolás de Baris (Mayabeque) a La Habana me di cuenta que la capital es una ciudad con mucho color y, en ocasiones, la dinámica cotidiana impide que nos percatemos de ello. 

La obra se compone de un registro sonoro de lugares de La Habana que han influido en mi desarrollo, que son proyectados en el espacio en forma de variaciones cromáticas. Incluye una pequeña pantalla con una leyenda del lugar donde se hizo (fecha y hora) y unos audífonos para que se pueda escuchar el sonido; sin embargo, la idea es verlo, sentir por un sentido una información que generalmente llega por otro, una información que está perdida en el diarismo y que yo quiero recuperar. 

En el mes de septiembre varios recintos expositivos de La Habana, rejuvenecen su catálogo con la celebración de Post-it, principal expoventa de arte contemporáneo cubano, que busca promocionar a creadores menores de 35 años. Una de estas sedes, la Galería Artis 718, ofrece una pieza de Yonlay.

 
El proyecto que presento en Post-it se titula DEATH-SUDOKU, y consiste en una versión del juego sudoku en la cual se accede, mediante la funcionalidad del juego, a datos recogidos en el registro de defunciones de cierto hospital habanero en el año 2012. Es una obra compleja de vender en los términos convencionales, pero en todo el mundo este tipo de trabajo ha ido ganando espacio en ferias, galerías, etc. Post-it es al menos una opción, una oportunidad de hacer el intento y poner la obra a consideración de los coleccionistas (personas e instituciones).

Como muchos otros artistas jóvenes cubanos, estoy muy interesado en participar en los circuitos de mercado y creo que en este momento estoy listo para ser descubierto. No puedo decirte ahora mismo cuándo sucederá eso, y si Post-it será lo que me dé el impulso, solo te puedo asegurar que voy a seguir haciendo lo que necesito espiritualmente y lo que considero más acertado en términos artísticos.  

             

lunes, 2 de marzo de 2015

La felicidad en la monogamia



Seguramente ustedes, al igual que yo, conocen a algunas parejas que pelean todo el tiempo, como también se cuestionan el por qué siguen juntos si en definitiva, qué de romanticismo o de felicidad puede haber en ese tormento de relación. Los motivos pueden ser miles, desde los más comunes y cotidianos hasta aquellos insólitos que la razón desconoce. En este monólogo restrospectivo pretendo contar una de esas historias, no tan rara, pero sí un poco ambigua; el "qué" ocurrió entre los personajes, lo deciden ustedes, y les agradecería que me lo contaran al final. Espero sus comentarios.  



I
No para de llover. Es tu culpa, por caprichoso. Todavía no entiendo qué hago aquí. Ahora pudiera estar tranquila en la casa, tomando un buen baño, oliendo a limpio y no a pescado curtido, sin este sarro en los dientes que me tiene gastada la lengua. Tengo arena en todas partes, ¡ay qué molesto!, y la piel pegajosa. Te lo dije, te lo dije...pero nunca me haces caso. Hablar contigo es lo mismo que hablar con esa cabeza de pescado que lleva días ahí al antojo de los cangrejos. En tu vida habías ido de excursión. No entiendo el deseo frenético de venir a este lugar lleno de dienteperros y uvas caletas. Si tu intención era arreglar las cosas no creo que la naturaleza haya cooperado, los mosquitos me tienen desangrada, solía ser una mujer y no una roncha con pelos. No sigas con eso... ni que no fuera suficiente con la peste a salitre y comida descompuesta para que también obligues a mi nariz a respirar tus flatulencias. Está entrando agua, levántate. Qué te levantes te digo. Dame tu pulóver...no me vengas con negativas y ayúdame a secar. ¡Aaaayyy, ayy...mátalo, mátalo...ahí, mátalo...ahíiiii... ¿estás ciego? Cobarde ni cobarde, mira tu magnífica idea de pasar un fin de semana en lo que se ha convertido: un infierno. 

II
Nunca me creí ese cuento del carrusel. Yo lo vi todo, aunque hayas intentando confundir mis recuerdos no hay explicación lógica para eso. Tengo testigos y testigos confiables. Que bajo caíste, mira que utilizar a tu hermanito para tan sucio propósito. Ojalá te hubieras mareado y vomitado encima, decirme que estabas borracho sería un mejor pretexto, o al menos yo me sentiría feliz de observarte cubierto de inmundicia que es lo que te mereces. ¿De haberte imaginado que me iba a aparecer por ahí qué habrías hecho? La verdad fue mejor así, de lo contrario ahora seguiría ignorando de qué pata cojeas y creería ciegamente en esa farsa de príncipe azul que has construido en todo el tiempo que llevamos juntos. Tú mismo me quitaste la venda de los ojos, no pretendas volver a cubrirlos porque ya no confío en ti. 

III
Cómo se ha demorado en llegar. Me dijo que hoy regresaba temprano y ya el cristal del reloj está a punto de reventar de tantas veces que lo he mirado. Me duelen los pies, esa caminata buscando su regalo acabó conmigo. Espero que le guste lo que le compré porque estoy segura que más nadie en el mundo lo tiene. ¿Qué estoy pensando? Obvio que le va a encantar, ¿a quién no? Se va a enfriar la comida, con lo que me esmeré haciéndola. Ay, olvidé lo más importante: el vino... calma, creo que tengo una botella guardada ¿Dónde está? Cómo me pudo pasar esto, si llevo una semana planificando este momento, haciendo maravillas para que él no se dé cuenta. Voy a comprarlo. La tienda a la que fui la vez pasada está un poco lejos para ir caminando. Cogeré un taxi. ¡Taxiiiiii! ¡Taxiiii! ¿Cuál era el vino…? Ah ya, ojalá haya de ese todavía.  Pero… Señor deténgase un momento por favor. Frente a la entrada del parque si le es posible. ¿Puede esperarme?  

IV
Había encontrado al hombre de mis sueños y por fin calmaba ese mundo interior de constantes sobresaltos y abandonos. Dejé atrás el bullicio de las fiestas y las aventuras naturalistas para cocinarle, lavarle y juntos destender la cama todas las noches. No sabía de responsabilidades ni de seriedad y de buenas a primera era la única responsable de mi propia vida. Acogí con beneplácito la rutina hogareña y descubrí en la monogamia la felicidad. Orgullosa presenté a mi hombre en la familia, el primero en 30 años, así mi cuarto de la infancia, la adolescencia y la juventud, dejó de ser clandestino. Ya no importaban los de afuera, ni los oídos chismosos, ni las fantasías de la abuela, ni los pensamientos angustiosos de mamá, ni las intrigas resabiosas de papá. A juzgar por las novedades la eterna "niña" había madurado.

martes, 28 de octubre de 2014

Del malecón y una puesta de sol

Hasta hace unos meses tuve la oportunidad de vivir frente al Malecón de La Habana, en la residencia estudiantil de F y 3ra. Todas las mañanas salía al balcón y me extasiaba observando la gran sábana azul que se tendía frente a mis ojos. Cuando me aburría tomaba el primer libro que tuviera a mano, un pomito con refresco y bajaba las escaleras a todo correr para que no fueran a usurpar el pedacito de muro que consideraba mío. 
No fueron pocas las veces que junto a mis amigas nos reímos de todo y de todos mientras esperábamos la hora de la comida, o nos consolábamos las unas a las otras si de mal de amores o tormentas familiares se trabataba. No faltó el pescador que interrumpiera nuestras terapias grupales con un "pueden correrse un poco", y había que hacerlo o tu ojo, una punta de la oreja o cualquier otro cacho de piel podía convertirse en carnada tras la embestida de los anzuelos. Si intentabas regresar al tema en cuestión llegaban entonces las señoras de las flores de cristal y los peluches dispuestas a incrustarte la mercancía en el rostro, o el dúo de trovadores al que con mucha lástima había que despedir, pues en nuestro limitado presupuesto no cabía este tipo de partida. 
Como las mías hay miles de historias que desde 1901 forman parte de los bloques, pilotes, tablestacas y arquitabres de hormigón armado que componen el Malecón. A esta mezcla de risas, romance, lágrimas, música, juegos, alcohol y concreto desnudo, se une otro componente triste y desagradable: la suciedad, generada en su mayoría por nosotros mismos, bohemios maleconeros y contaminadores. Siempre hay un grupo de jóvenes que, jabita en mano, intentamos disminuir el daño y echar en sacos los desperdicios de otros, o algún que otro proyecto ambientalista, pero no es suficiente; despejar el muro, la avenida y los arrecifes de pestilencias y vistas repugnates ha de ser una voluntad de todos. No esperemos a que "un delfín devuelva de rebote nuestras latas", o que "Acualina" ponga a trabajar horas extras a sus microorganismos marinos desintegrando basura. No convirtamos un símbolo arquitectónico de la ciudad, motivo de orgullo para los habaneros y para los cubanos que lo han visitado, en una vergüenza.

De regreso a la espiritualidad...

Desde ese lugar observé hermosísimas puestas del sol y una de ellas, la del 20 de septiembre de 2012 exactamente, me inspiró a escribir este poema que hoy les regalo, junto a la foto que tomé con mi celular.

                     Ocaso       
Testigo somos de un suicidio por amor
el más bello suicidio consumado
El cielo pintado de carmín
y la víctima en un mar de lágrimas ahogado

Tan sublime e imposible aquel amor
que imposible fue dejar de presenciarlo
el crimen que un Romeo de acuarelas
creyó justo en tus ojos dibujarlo

Julieta no entendió por qué aquel día
nos reímos de su suerte desdichada
Volteó el rostro absorto en su dolor
y apagó el cielo con el alma acongojada

lunes, 13 de octubre de 2014

Cuentos en lenguaje SMS


Este año tuvo lugar la Segunda Edición del Concurso Nacional de Microrrelatos por SMS "Mancuspia +53" una opción para aquellos narradores creativos que les guste experimentar con el lenguaje. Y es que Mancuspia... busca promover la narrativa a partir de la apropiación de las ya no tan nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones; literatura a través del textese.

El máximo galardón en el 2013 lo obtuvo "Disculpa" del joven escritor Yonlay Cabrera Quindemil

Nena mi mamá yeba 2 días borracha m papá c yebó el $ y creo ke me van a botar dl alkiler cjone claro ke c me tiene ke olvidar tu cumpleaños 

 Este año el primer premio corrió a manos de Ernesto Pérez Chang con su cuento "Fatiga"
 De un golpe se quitaba el cuerpo. En la habitación vacía era un bulto de ropa sucia sobre una silla

Yo participé en esta última convocatoria con "2minatrix", no obtuve premio pero quedé lo suficientemente complacida con el resultado como para seguir perfeccionando mis cuentos e ir por más en la próxima edición del concurso. 

2minatrix habla sobre un transtorno de doble personalidad de la narradora... mejor desmóntenlo ustedes mismos. Lo mejor de estos microrrelatos en menos de 160 caracteres es que el lector tiene la oportunidad de sacar todas las lecturas que quiera de la historia pues el autor no tiene chance de explicar mucho por cuestiones de espacio.
Aquí les dejo mi cuento y los convido a escribir los suyos propios siempre y cuando los compartan conmigo.

2MINATRIX
Amo al profe pro el ama a Dvora. x culpa d ste trag negro y la peluk roja aora dbo competir cnmigo misma ¿Como pue2 ganarme si tengo 1 latigo n la mano?

En este link prodrán disfrutar de los cuentos ganadores del 2014: http://www.isliada.org/narrativa/2014/08/los-mejores-microrrelatos-de-mancuspia53/

lunes, 22 de septiembre de 2014

Transgénesis

En ocasiones quisiera ver lo que ve la gente. O mejor dicho, lo que interpreta la gente de lo que está viendo, pues la realidad es una misma para todos pero pasa por el prisma de nuestras subjetividadades. No me conformo con que me cuenten sus apreciaciones, quiero ver esas instantáneas vírgenes por mí misma. Sin embargo no creo poder satisfacer mi deseo por mucho que lo intente, tendría que estar dentro de otros ojos para sentirme complacida, y hasta el momento solo puedo recurrir a la imaginación. Entonces me surgió la idea de recrear semejante experiencia en un cuento que espero lo disfruten.



Transgénesis
El aventurero encontró en aquel paraje perdido y sin nombre los ojos más lindos del mundo. En ellos, un agudo trazo negro, interrumpido por pestañas erizadas, delineaba los contornos y dibujaba una forma perfecta nunca antes vista. No eran achinados, negroides, ni caucásicos.  Tenían el color del agua cuando la sostienes en las manos y en el centro, un agujero negro. El aventurero, atraído por la fuerza gravitacional que desprendía aquel círculo giratorio cruzó la frontera de los formalismos y las presentaciones y trató de tocar a esos ojos que captaron su atención y despertaron el frenético deseo de poseerlos desde el momento exacto en que se cruzaron en su ángulo visual.
Mientras más se acercaba menos podía dejar de mirarlos, sentía que los suyos querían escapar del rostro para ser absorbidos por aquel misterio. Sintió miedo al verse incapacitado de poder controlar sus movimientos y mirar abajo, arriba, a un lado. -Qué fenómeno tan extraño- pensaba. Su temor aumentó al no verse reflejado en el iris de enfrente, y con ello la decepción, un golpe de knock-out directo al ego, pues en este mundo de apariencias, aparentemente él no existía ante los ojos del otro. 

Sin darse cuenta el agujero habíase vuelto enorme, tan enorme que cabía completo dentro de él. Al fin pudo mover la cabeza en otra dirección, y un pie, y el dorso. Dio un giro de 120º y a sus espaldas una ventana circular. Quiso correr hasta ella y escapar, pero otra vez la fuerza inexplicable de hace un rato lo conducía en sentido contrario. Se deslizaba entonces dentro de aquella singularidad desnuda de materia que minutos antes consideraba una pupila extraordinaria. Todo estaba oscuro. El aventurero no comprendía cómo hasta la luz era tragada por aquel vacío. De vez en cuando explotaban a su lado impulsos eléctricos que le permitían visualizar su silueta y descartar la idea de haberse hecho etéreo. Ignoraba si el tiempo transcurría o estaba detenido, solo sentía el movimiento hacia alguna parte atraído por un campo magnético o algo por el estilo. Comenzaba a disfrutar la incertidumbre, al final, la esencia de su vida había sido desafiarla constantemente.
Otra explosión. Aprovechó para mirar. Esta vez le pareció haber captado una imagen. Tanta oscuridad comienza a afectar a mis sentidos. Y otra vez ocurrió. Estaré alucinando. Y otra vez… Amén de considerarlo una teoría de locos creyó comprender lo que sucedía, su entorno era una especie de retina donde la luz se transforma; después de todo se hallaba dentro de un ojo. Así que las imágenes percibidas no eran más que una interpretación fotosensible de esa realidad fuera del contenido de la cavidad ocular. Siempre deseó experimentar cómo otros veían la vida pasando por encima de las generalizaciones biológicas o los supuestos psicológicos.
Decidió focalizar su atención la próxima vez. Y de nuevo… Ante él apareció un paisaje que le resultó familiar. Había una playa de aguas rojizas y un muelle a medio construir, arena y huellas de pies que avanzaban en el mismo sentido. Pronto la imagen se desvaneció formando un espectro de humo azul plateado. -Hasta ahora nada interesante-. Siguió rastreando los impulsos eléctricos, otorgándole sentidos. Los organizaba mentalmente y construía una recreación propia del mundo de afuera.
Se trata ahora de un árbol- observaba. Lo curioso no era el árbol en sí sino esas venas carmelitosas que dibujaban autopistas en el tronco por donde fluía la sabia directo al duramen o corazón y de ahí al resto de las partes. La corteza traslúcida hacía visible los anillos; por la cuenta el señor debería tener unos 50 años. -Sufriste un poco en la vida compadre-. La estrechez de algunos aros evidenciaba años de dificultades y pobre alimentación. Las hojas no eran todas iguales, de hecho había extremidades allí que nada tenían que ver con el organismo. -¿Y eso qué es?- Un cordón de estrechos tallos trenzados se enroscaba en el cuello del árbol, asfixiándolo, -pueden escucharse los lamentos-; pero al aventurero, es cierto, le fallaban los sentidos, aquello más que llanto parecía una sonrisa, el dolor satisfacción, y el intento de homicidio un abrazo. Maltratado como estaba el árbol vivía a plenitud siendo devorado lentamente por ese parásito verde que le hacía compañía.
El aventurero volvió la mirada hacia otro destello de luz, consternado por la cruel experiencia que aseguraba haber visto. Frente a él una colonia de hormigas. -Esto es genial-. Formadas en largas hileras, con sus antenas en ángulos y su estructura en tres secciones, un grupo de obreras entregaba ofrendas de comida a lo que parecían sus deidades: las reinas, otras tres de su especie, obesas y aladas, con el triple de sus tamaños. Mientras tanto la entrada al asentamiento era vigilada por soldados, todas hembras. Los machos tenían una sola función, fecundar a las monarcas. Ni voz ni voto en esa sociedad de feminismo exacerbado. -Qué utopía para el homo sapiens. 
Los no tan diminutos insectos entraban y salían a prisa de aquella oquedad situada sobre una superficie con textura familiar. Solo les digo que podía verse su interior como si estuviera envuelto en piel transparente. El árbol de extraña madera volvía a ser hospedero de otras vidas.
Disipada la escena se levantaba un nuevo telón. Aparecen dos criaturas semidesnudas con picos córneos sin dientes, apoyadas en dos paticas y con primitivas alas. Apenas podían moverse y los dedos se les enganchaban en las imperfecciones de las ramas secas que componían las paredes y el piso de su hogar.  Volando llegó hasta el nido un ave adulta, tragó en cuatro tiempos una culebra moribunda y regurgitó el manjar ante los pichones. –Fascinante-. Algunas partes del reptil, ya descuartizado y semidigerido, brincaban en un último intento por sobrevivir. En ese empeño, una de ellas rodó por cierta enredadera parasítica hasta caer en la boca de un hormiguero. Bastaron pocos segundos para que nuevamente fuera devorada, esta vez por miembros de la realeza.  
Las imágenes aparecían ante el aventurero con más frecuencia y nitidez. Poco a poco incorporaba olores y sensaciones. En una ocasión, mientras llovía, sintió la humedad en su rostro y las gotas deslizándose por todo el cuerpo, penetrando la epidermis hasta enfriarlo por dentro. Gustoso aspiraba el incienso de tierra mojada y hundía sus pies en el fango.
Sin darse cuenta el aventurero olvidó la oscuridad que lo disimulaba. Todo era luz sobre aquel árbol que de mil maneras siempre terminó recreándose ante él. En cada visión otro detalle de lo mismo, y aunque le gustaba no entendía el porqué.  Siguió en la búsqueda de las particularidades dentro del singular conjunto vivo lleno de gajos, plumas y resina; simultáneamente, las hojas se le desprendían de la cabeza. Algo escapaba a la agudeza visual del aventurero y lo sabía, por eso la constante exploración. “¿Qué será, qué será?” Fue entonces cuando descubrió algo que creyó conocer desde hacía cincuenta años. Estaban allí, escondidos entre las ramas, incrustados en la madera, mirándolo todo, otros ojos; no tan lindos, no tan misteriosos, en los que tampoco se reflejaba…los suyos propios.